Imágenes
y sonidos en tensión, Pagina 12, Buenos Aires 24- 4-2007
Uno de los artistas argentinos
de mayor repercusión dentro y fuera del país
presenta su obra reciente: diez piezas que ofrecen nuevos
sentidos al poner la lógica en tensión
Para llegar a una poética a través del terreno
específico de la imagen, Macchi primero establece relaciones
básicas con los objetos. Esas relaciones pasan por
la física: luz, contraste, sombra, tensión,
materiales, resistencia, peso... Los elementos cotidianos
cambian de función. Cada nueva obra establece conexiones
elementales y nuevas en su funcionamiento, donde la primera
ruptura sutil se produce tanto con las relaciones entre los
objetos como en el modo en que son percibidos. En su producción
el arte es un resto que se filtra por los orificios de la
realidad y, del mismo modo, aunque invirtiendo los términos,
la realidad es un resto que se cuela por los agujeros del
arte.
Cada trabajo del artista tiene como punto de partida la ruptura
de la lógica cotidiana: abre un rumbo en la secuencia
rutinaria de la cotidianidad.
Jorge Macchi ha venido construyendo una impecable trayectoria
local e internacional y cuenta con un enorme reconocimiento:
en 1990 ganó el primer premio de la Fundación
Nuevo Mundo (Museo Nacional de Bellas Artes). En el ’93
ganó el premio Braque, lo que le permitió una
larga estadía en Francia. En 1998, la Asociación
de Críticos le dio el premio al mejor artista joven.
Ese año también ganó un subsidio a la
creación de la Fundación Antorchas. En 1999
obtuvo el premio Leonardo (MNBA). En el 2000 ganó el
primer lugar del Premio Banco Nación y una beca del
Fondo Nacional de las Artes. En 2001 obtuvo la beca Guggenheim.
Simultáneamente, Macchi logró acceder a una
serie de residencias en universidades y programas artísticos
de gran nivel, en Holanda, Inglaterra, Alemania e Italia,
y eso le permitió proyectar una carrera internacional
a través de muestras individuales en galerías,
museos y centros culturales del mundo y participar de grandes
muestras grupales y temáticas. En estos años
su obra también forma parte de importantes colecciones
internacionales.
En 2005 estuvo presente con dos instalaciones en la Bienal
de Venecia: por una parte, como invitado de los organizadores
al pabellón central (Padiglione Italia) y, por la otra,
en el Palagraziussi (antiguo Oratorio de San Filippo Neri),
como envío oficial argentino a la muestra Veneciana.
En su nueva muestra el artista presenta diez obras austeras,
visualmente despojadas y conceptualmente muy agudas. “Si
esta exposición fuera un libro –se dice en la
presentación– sería una colección
de diez relatos breves antes que una novela compuesta por
diez capítulos. La diferencia de los medios utilizados
para cada uno de ellos pareciera romper con la idea de unidad
de una supuesta novela. Sin embargo, como en muchos libros
de relatos, hay en estas diez obras sutiles líneas
que las conectan entre sí y que establecen nexos con
el resto de la producción de Jorge Macchi: el azar,
la descontextualización, los mínimos desplazamientos
de sentido, el acento puesto en lo marginal o en el residuo,
el contraste entre lo efímero y lo permanente.”
Esos “diez relatos breves”, sin embargo, responden
al gran relato de la obra de Macchi.
En el video Streamline (del inglés: “trayectoria
de una corriente sin obstáculos”; “perfil
aerodinámico”), la imagen fija sobre un recorte
de una avenida de cinco carriles luce, rebatida, como un pentagrama
en negativo o, más apropiadamente, como las cuerdas
de un instrumento musical. Sobre cada carril, los automóviles
pasan aleatoriamente como bólidos y atraviesan de izquierda
a derecha velozmente la pantalla, trazando una secuencia irregular
e indeterminada. Cada auto es distinto: colores, tamaños,
formas, velocidades. El sonido de este video está compuesto
por una partitura incidental del músico Edgardo Rudnitzky,
con quien Macchi trabaja hace ya varios años (incluida
su colaboración en oportunidad del envío argentino
a la última Bienal de Venecia, en 2005). En esta obra
la ciudad, el núcleo mismo del movimiento de la ciudad,
su tránsito, la circulación de autos –fuente
de los accidentes que tanto obseden la obra de Macchi a lo
largo de los años– funciona como partitura y
los autos constituyen una particular notación musical.
El paso fugaz, único, puntual, es la base de la composición
visual y auditiva. Este video tiene como antecedente uno anterior,
Caja de música, exhibido en 2004 en la Bienal de San
Pablo. Si en aquella obra la música estaba compuesta
siguiendo puntualmente el esquema irregular de la aparición
de los autos en la imagen y la altura de los sonidos dada
por la posición de esos automóviles con respecto
a las cinco líneas de carriles de la avenida, en este
nuevo trabajo la partitura sólo toma el esquema rítmico.
De modo que el paso de los autos es leído como una
notación musical que da como resultado una pieza para
cuerdas frotadas. Sonido e imagen combinados componen una
pieza propiamente ciudadana.
La obra Atlas, definida por el artista como una “pesadilla
cartográfica”, está formada por un conjunto
de marcos de mapas antiguos, vaciados, que producen múltiples
intersecciones y cruces. Los mapas están atravesados
de un modo aleatorio por hilos que se anudan, mezclan y confunden.
La pesadilla sucede desde el momento en que esos hilos (verticales
y horizontales) evocan paralelos y meridianos, completamente
embrollados. Longitudes y latitudes, y por lo tanto la representación
de coordenadas de tiempos y espacios, se enloquecen: esta
representación de mundos posibles –contiguos
y superpuestos– supone lógicas y funcionamientos
caóticos.
La obra puede leerse no tanto como un modelo teórico
de loca geografía, sino más bien un modelo cartográfico
que responde y, por lo tanto, representa las proyecciones
y coordenadas del estado actual del mundo.
Hotel, según dice el artista, “es un recuerdo.
Está oscuro y la única luz viene de una lámpara
adosada a una pared pintada con motivos decorativos de color
azul. El dibujo, que es nítido cerca de la lámpara,
se desvanece a medida que se aleja de ella”. La pieza,
y en parte por la aureola nostálgica y decadente –con
un humor cercano al de los hermanos Coen en el cine–,
parece la transcripción del funcionamiento fisiológico
de la percepción y la memoria al campo de las artes
visuales. La luz (bombitas y portalámparas que imitan
velas) está apagada, sin embargo la guarda azul, desvaída
hacia los bordes, marca los límites difusos, ya no
propiamente de la luz, sino más bien de ambas capacidades
(percepción, memoria) y al mismo tiempo que la obra,
como dice el artista, “es un recuerdo”, también
es un obra sobre los procesos mentales mediante los que se
fija, conserva, evoca y recupera el recuerdo.
5 notas consiste en una hoja pentagramada que pende sobre
la sala atravesada por cinco cables de acero tensados contra
dos extremos de la galería. Esos cables atraviesan
los pentagramas del papel en puntos que se leen como notas
musicales. Cinco sonidos que duran un instante pero que los
tensores de acero prolongan metafóricamente. Sonido
y tensión están nuevamente en juego, como en
varias de las piezas del artista que incluyen o generan una
banda sonora. El artista busca fuentes inusuales para producir
música o, en un proceso inverso, traduce en términos
físicos y visuales, una serie de sonidos ausentes.
Otro de los recursos del artista es tomar textos extraídos
de la trama urbana, de manera que la ciudad se transforma
en relato. Ese texto, Macchi lo despliega en pequeñas
grageas. Palabras o frases sueltas que forman parte de textos
publicitarios y que aisladas de sus contextos originales funcionan
como una suerte de voluntad expresiva, de poema oculto entre
las paredes de los edificios, de mensajes perdidos hasta que
alguien los rescata. Paradójicamente, el carácter
oculto lo es sólo en el sentido, porque las palabras
y frases recortadas y exhibidas aisladamente provienen de
anuncios gigantescos y por lo tanto notorios. Es el caso de
Windows, donde dos fotografías recortan las frases
“La emoción” y el “El dolor”.
Las ventanitas que aparecen (sobre y bajo las letras) en las
medianeras revelan sendos mundos detrás de las paredes
que bien pueden ser sujetos de aquellas frases. (En la galería
Ruth Benzacar, hasta el 28 de abril, inclusive.)
Fabián Lebenglik |